-Llueve, mija, y llueve harto.
-¿Y qué quieres que haga?
-Que baile con su vestido de fiesta.
-¿Bajo la lluvia?
-sí.
-Me voy a mojar.
-No es necesario que se preocupe, sólo baile. Y sonría.
-No puedo, el dolor me ahoga.
-A mí también.
-¿Bailemos?
-Vamos. Hasta secarnos de tanta lluvia.
La pena giró y no volvería a detenerse hasta que el cielo se cansara de llover.
La miré con su vestido de fiesta mojado por el agua invernal y torrencial.
Lloré mientras me convertía en lluvia que cae, moja el mundo y se va.
Ella trató de sonreir, y si lo hizo no la vi por tanto giro loco.
Dejé de ser lluvia y luego fui llanto que se esconde entre las manos.
Dejé de ser llanto, para ser grito que se esconde entre paredes.
Dicen que la muerte se oculta bajo tierra.
-Paró de llover.
-Seguiré bailando.
-Al menos sonríe para mí.
-No puedo hacer tal cosa.
-Yo sí puedo.
-¿Y qué esperas?
-Hoy no.
Recorde de repente...
Hace 13 años
3 comentarios:
en este ciclico ir y venir de dolores y no dolores, de alegrías y no alegrías, es tan natural y tan bonito vivirlos en el justo tiempo, y con la justa fuerza con la que te entregas..
Hoy no. Final preciso
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